El tema de la energía es uno de los más contingentes en este momento. No es alarmista decir que estamos al borde de una crisis, con una demanda que crece día a día y el precio del petróleo alcanzando un nuevo record cada semana. Es un escenario tremendamente difícil, pero la discusión es mucho más compleja que la dicotomía entre las centrales hidroeléctricas en Aysen o una planta nuclear en el norte.
Hay un antecedente fundamental que está quedando fuera de esta discusión, y es la real capacidad que tiene el Estado (y el gobierno del lado que sea) de influir en el mercado eléctrico y en la matriz energética del país. La ley eléctrica que heredamos de la dictadura deja la planificación estratégica de la composición de la matriz energética en manos del mercado, y los grandes proyectos eléctricos controlados por un oligopolio de tremendo poder económico.
Las herramientas de regulación con que cuentan las autoridades están enfocadas al mercado, y no al diseño técnico del modelo energético que necesita el país. Si en este momento los proyectos energéticos mas rentables para las empresas son las megas centrales hidroeléctricas en
La actual política energética del gobierno consiste simplemente en facilitar la concreción de los megaproyectos de generación eléctrica sin importar los costos sociales y ambientales. La calidad de vida de la gente, la protección de ecosistemas y especies en peligro, y el cambio climático no son suficientes argumentos cuando está en juego la rentabilidad de los grandes grupos económicos que dominan el mercado eléctrico.
Como país necesitamos un gobierno que tome el control de la situación, que establezca una política energética que realmente de cuenta de nuestras necesidades, pero que también considere nuestras potencialidades y limitaciones en cuanto a los recursos energéticos disponibles, sin hipotecar nuestro patrimonio cultural y natural. Necesitamos parlamentarios que sean capaces de elaborar una nueva ley de energía en base a criterios técnicos, sociales y ambientales y no bajo la presión de los grandes poderes económicos detrás de las empresas eléctricas.
La energía hidroeléctrica es uno de los recursos más abundantes en nuestro país, pero las megas represas no son la única alternativa. La construcción de centrales hidroeléctricas de pasada (esto significa poner una turbina directamente asociada a un cauce existente sin embalsarlo) potencialmente podría satisfacer dos y hasta tres veces la demanda total de energía en este país, pero claramente no es el diseño de negocios que se adapta a los grandes intereses empresariales. Esto requeriría muchas pequeñas centrales, lo que podría ser negocio para muchas pequeñas y medianas empresas, pero no tiene la rentabilidad que representa un sólo mega proyecto de represa. Las centrales de pasada podrían ser un buen negocio para pequeños emprendedores, pero esto no ha sido posible ya que el mercado está diseñado sólo para grandes productores. Actualmente cualquiera que tenga derechos de agua puede instalar una pequeña central de pasada, pero no tendría como ingresar la energía producida al sistema interconectado central, el cual es privado y no está obligado a recibir la generación de productores independientes.
Por ejemplo, en Alemania si tú tienes cualquier tipo de sistema de generación eléctrica en tu casa (panel solar, generador eólico, etc.) la energía que no utilizas en tu casa pasa al sistema de distribución y la empresa eléctrica está obligada a pagar la energía que tu aportas al sistema. En nuestro país hay que negociar con una empresa privada si puedes conectarte al sistema, y a costos que para pequeños productores no son accesibles.
El mismo problema se presenta para cualquier pequeño proyecto de generación, ya sea eólico, solar fotovoltaico, termo solar, geotérmico, mareomotriz, por biomasa, etc. Es una realidad que nuestros recursos energéticos son numerosos y diversos, podríamos ser absolutamente independientes en materia de energía, pero lamentablemente la energía en este país es sólo un negocio, y no un elemento de estrategia de desarrollo.
El déficit energético que enfrenta el país podría ser resuelto sin construir una sola central en los próximos 15 años, sólo aumentando la eficiencia en el consumo. Pero claro, eso no es negocio para las grandes empresas. La generación eléctrica con combustibles fósiles, sobre todo el caso del carbón y el pet coke, son altamente contaminantes y ya no son tan competitivos en términos comerciales, pero sigue siendo un negocio fácil y sin regulaciones ambientales que se apliquen realmente. La energía nuclear, además de las implicancias ambientales y riesgos que todos conocemos, sigue siendo demasiado cara y nos hace totalmente dependientes (no tenemos científicos ni conocimiento técnico, no producimos combustible ni fabricamos la tecnología, sin contar el problema de los desechos y el cierre de las centrales al final de su vida útil). Pero en el momento en que sea negocio para alguna gran empresa, les aseguro que bajo la actual lógica el Estado va a apoyar un proyecto de ese tipo.
Nuestro país realmente tiene posibilidades de desarrollar alternativas energéticas limpias, a un costo razonable y sin depender de otros países, pero requiere del compromiso, la voluntad y los cojones de las autoridades y los legisladores para modificar el actual modelo de desarrollo energético que nos regula.
O esperar a que los directorios de las grandes empresas eléctricas decidan que no pueden seguir creciendo a costa de la salud de la gente y nuestro medio ambiente.
Sergio Versalovic
Corporación Chile Ambiente


Peligroso planteamiento
Muy estimada Rosa,
Soy un respetuoso admirador de tu lucha ambientalista pero me permitiría recomendarte de elegir mejor los planteamientos energeticos que necesita el país.
Tenemos de hecho que considerar que ya no es hora de opinar pero de actuar y esta vez sin equivocaciones ninguna dado que en este caso las pagariamos a un precio insospechado.
Muy cordialmente
CRM