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Hidroaysén - ¿sí o no?

Enviado por MODEMA el 31/05/2011 a las 09:05 PM
MODEMA

 

por Manfred Mornhinweg

En las últimas semanas nuestro país se ha visto dividido entre dos posiciones extremas

respecto a la problemática de Hidroaysén. Una de estas posiciones representa que el

proyecto resulta esencial para la seguridad energética del país, y que sus ventajas pesan

mucho más que cualquier desventaja que eventualmente pudiese tener. Mientras tanto la

otra posición mayoritaria es que Hidroaysén es completamente innecesario, que es sólo

un tremendo negocio para quienes lo quieren construir, y que de paso va a destruir la

Patagonia y también buena parte del resto del país, con la monstruosa línea de

transmisión que incluye.

Es de Perogrullo que ambas posiciones extremas representan visiones parciales, y que la

realidad está en algún punto intermedio, y que es mucho más compleja que los extremos

simplistas. Y les aseguro, es también más compleja e intrincada de lo que un observador

objetivo puede apreciar.

Quiero hacer el intento, en este artículo, de dar una visión tan objetiva como me sea

posible.

Fuentes convencionales y nuevas de energía eléctrica

Tradicionalmente, desde los inicios de la electricidad industrial, comercial y residencial,

se han utilizado principalmente dos fuentes de energía para generarla: El agua de ríos y

cascadas, y los combustibles fósiles como el carbón, gas natural y petróleo. A esto se ha

sumado a mediados del siglo XX la energía nuclear. Si bien desde los comienzos ha

habido también generación en base a otras fuentes, como el viento, o combustibles

renovables como la leña, éstas fuentes de energía nunca han sido desarrolladas lo

suficiente como para proveer una proporción grande de la energía eléctrica total

consumida.

En tiempos más recientes se le ha dado creciente importancia a las energías renovables y

limpias, como la solar, que se ha hecho aprovechable recién hacia los años ´80, o la

eólica, que se está aprovechando cada vez más. Sin embargo estas energías no son

siempre tan libres de impacto ambiental como se las representa, y sufren del grave

problema de no estar disponibles en forma constante y permanente, aparte de su costo en

general más alto que el de las energías convencionales. Estos problemas han impedido

masificarla lo suficiente como para suplir gran parte de la demanda energética con ellas.

Es importante tener en cuenta que el grupo de las fuentes de energía renovables no son

las mismas que las fuentes de energía de bajo impacto ambiental. Por ejemplo la energía

hídrica bien implementada es sustentable en el largo plazo, y su impacto ambiental es

muy variable, según como se la implemente. Los combustibles fósiles son todos no

renovables y de alto impacto ambiental. La energía eólica es renovable pero con un

impacto ambiental muy significativo, mientras la solar tiene bajo impacto ambiental en su

operación, pero mayor en su implementación. La energía nuclear es un caso especial, ya

que en condiciones normales su impacto ambiental es bajo, pero en caso de accidentes

llega a ser extremo. También debemos tener claro que la energía nuclear es tan poco

renovable como los combustibles fósiles, ya que está basada en las ocurrencias naturales

de uranio, que son estrechamente limitadas.

Cuando un país requiere más energía eléctrica, más que decidir si satisfacer la demanda

en base a energías convencionales o alternativas, es mucho mejor considerarlas todas,

implementando aquellas que en cada situación específica resulten más atractivas, desde

los puntos de vista de los recursos energéticos disponibles, su ubicación respecto a los

lugares de consumo, su impacto ambiental y cultural, su seguridad de operación, su

sustentabilidad en el largo plazo, y su costo.

Nuestras posibilidades en Chile

Siendo nuestro país pobre en depósitos de carbón, y más pobre aún en petróleo y gas

natural, los combustibles fósiles nos cuestan divisas, nos hacen dependientes del mercado

mundial, y sumando ésto con la contaminación que causan, y con que en algún momento

se van a agotar, se podría pensar que hay que dejar de lado esa tecnología. Sin embargo

se han construido muchas centrales térmicas en años recientes, debido a que también

tienen ventajas: Un costo inicial más bajo que cualquier otra opción, poco espacio

ocupado, la posibilidad de ponerlas cerca de los puntos de consumo, entre otras.

Utilizando mejor tecnología es posible reducir sus emisiones de sustancias tóxicas y

partículas, pero sus emisiones de anhidrido carbónico no se pueden reducir más que a

través de la selección del combustible de menor contenido de carbono (gas natural), y la

optimización de su eficiencia (centrales de ciclo combinado).

Dada su geografía montañosa, y la abundancia de precipitaciones en su mitad sur, Chile

es un país rico en recursos hídricos aptos para generar electricidad. Eso hace deseable

aprovechar estos recursos, limpios y renovables, en la medida que ello sea posible sin

causar un impacto ambiental y cultural excesivo. Los problemas de la hidroelectricidad

son varios: Los recursos a menudo están demasiado lejos de los puntos de consumo,

exigiendo larguísimas líneas de transmisión, que generalmente tienen mayor impacto

ambiental y cultural negativo que las mismas centrales con sus instalaciones periféricas

inmediatas. También las fuentes hídricas suelen estar altamente distribuidas, lo cual

puede exiguir el uso de muchas centrales pequeñas, en vez de pocas grandes, lo cual es

más caro. Hablando de costos, las centrales hidroeléctricas son más caras de construir que

las centrales térmicas, pero después son muy baratas de operar.

La energía nuclear sigue siendo una posibilidad viable para Chile, en base al empleo de

tecnología y combustible nuclear provisto por países que los poseen. Pero el fantasma de

un accidente grave es un fuertísimo factor en contra de esta tecnología, a pesar de las

múltiples ventajas que posee, tales como ocupar muy poca superficie, poder ser instalada

cerca de los centros de consumo, requerir muy poco transporte de suministros, no generar

emisiones, etc. En cuanto a costos, tengo entendido que las centrales nucleares resultan

razonablemente económicas dentro del contexto general, produciendo energía más barata

que la térmica, pero más cara que la hídrica. En nuestro país quizás resultaría más cara,

debido a que tendríamos que importar todo, desde la tecnología hasta el combustible.

Chile posee un buen potencial eólico. A lo largo de muchas de nuestras costas, y también

en otros lugares, existen condiciones de viento favorables para la instalación de parque

eólicos. Sin embargo hay que comprender la cantidad de turbinas necesarias para

producir la energía de una central convencional. Las grandes turbinas eólicas actuales

tienen una potencia máxima del órden de 1 a 3 MW, a la cual se llega sólo si el viento

está dentro de ciertos parámetros óptimos. Comparen esto con las potencias de centrales

convencionales: El Toro tiene 400 MW, Antuco tiene 300 MW, Colbún tiene 400 MW, y

el complejo Hidroaysén completo pretende producir 2750 MW. Las típicas centrales

térmicas también tienen potencias del órden de 300 MW cada una. Y todas estas centrales

pueden generar toda su potencia cada vez que el consumo en el país lo exija, lo que suele

ocurrir todos los días al final de la tarde, mientras las centrales eólicas sólo generan

cuando hay buen viento. Esto obliga a que la capacidad eólica que se instale sea

respaldada por una capacidad equivalente en centrales que se pueden activar sin depender

de factores incontrolables como el viento.

El norte chileno posee condiciones absolutamente ideales para la generación de energía a

partir de la radiación solar: Muy pocos dias nublados, y grandes terrenos desérticos

disponibles a bajo costo, donde no hay vegetacion que pueda ser dañada. Sin embargo

aún en estas condiciones perfectas la energía solar sufre de sus problemas intrínsecos: Su

alto costo (pero que se está reduciendo), y que la potencia que se puede generar varía

directamente con la posición del sol, de manera que a la hora de máximo consumo, las

centrales solares no generan.

La fuerza mareomotriz ha sido propuesta como una fuente de energía renovable

adicional. En algunos lugares del mundo se encuentran en operación proyectos de este

tipo, pero en general la relación entre costo y potencia generada no las hace muy

atractivas, toda vez que también sufren de la dependencia de un fenómeno discontínuo.

Todas estas fuentes de energía no contínuas, como el sol, el viento y las mareas, pueden

resultar muy valiosas para ahorrar combustible en las centrales térmicas, y ahorrar agua

embalsada en las centrales hídricas, pero no pueden reemplazar potencia instalada en este

tipo de centrales. Para hacer eso, sería necesario poder almacenar la energía producida, y

eso es posible solamente a un costo gigantesco y con un impacto ambiental severo,

razones por las cuales hay que descartar el almacenaje masivo de energía.

Chile posee varios campos geotérmicos con buen nivel de actividad, lo que permite

instalar centrales que utilicen esa fuente de energía. Pero la mayoría de estos campos

geotérmicos son lugares de gran atractivo turístico, por las condiciones propias que crean,

lo cual hace que el impacto cultural de centrales geotérmicas sea en general excesivo, en

relación a la potencia eléctrica que se puede generar. Es probable que se puedan

desarrollar algunas, pero dudo que lleguen alguna vez a ser un aporte importante al

presupuesto energético chileno.

Dado lo anterior, me parece que es necesario dar las mayores facilidades para que todos

quienes estén en condiciones de desarrollar proyectos de generación en base a fuentes de

energía alternativas efectivamente lo hagan, demostrando que es posible realizar sus

ideas, pero no parece probable que ello alcance a satisfacer la demanda energética del

país. Entonces es necesario complementar estos proyectos con otros convencionales. La

preferencia debería ir según el grado de impacto ambiental y cultural causado, y la

sustentabilidad en el largo plazo. Debieran implementarse los mecanismos necesarios

para que el costo monetario no sea el factor decisivo. Por supuesto, hay ciertos límites en

cuanto al costo posible de cubrir, pero debemos estar dispuestos a pagar un poco más,

cuando ésto sea necesario en bien de la conservación del medio ambiente y del estilo de

vida de la gente que pueda ser afectada.

¿Cuánta energía necesitamos en Chile?

En su alocución del 21 de mayo del 2011, el Presidente Piñera dijo que Chile debe

duplicar su capacidad de generación eléctrica en el plazo de 10 años. Esta cifra me parece

exagerada. La población está creciendo a un ritmo mucho menor, afortunadamente, del

orden del 10% en 10 años solamente. Un mayor grado de calidad de vida de cada

individuo no necesariamente debe implicar un mayor consumo de energía. ¡Todo lo

contrario! En vez de pasar cada vez más horas frente a un computador, o al televisor,

encerrados con luz artificial, deberíamos salir a caminar, andar en bicicleta, leer, escribir,

conversar, hacer cosas a la luz del día. En vez de comprar otro TV de plasma más grande

que el anterior, y que gasta tres veces más electricidad, deberíamos entender que ese TV

más grande no nos va a mostrar una imágen de mejor calidad, con más detalle, sino

solamente una más grande y más borrosa. En vez de botar a la basura algo que falló, y

reemplazarlo por un producto industrial nuevo, deberíamos reparar lo que falló. Eso

reduce la cantidad de basura, la cantidad de materia prima consumida, y reduce

drásticamente la cantidad de energía consumida en la industria. Y en vez de transformar

la noche natural en una mala imitación artificial del día, iluminando calles a diestra y

siniestra durante toda la noche, deberíamos volver a conocer y apreciar lo agradable que

es dormir en plena oscuridad, y lo maravilloso que se ve el cielo estrellado, sin

contaminación lumínica.

A mi juicio, y basado en experiencia personal, es posible mantener aproximadamente

constante el consumo de energía per cápita, mientras que el nivel de calidad de vida

mejora. Eso implica tanto al consumo domiciliario como al industrial. Por eso pienso que

la capacidad de generación en Chile sólo necesita crecer al mismo ritmo que la población.

Y dicho sea de paso, pienso que es altamente deseable lograr detener completamente el

crecimiento de la población, y eventualmente llegar a una muy lenta y cuidadosa

reducción en la población, en bien de la sustentabilidad a largo plazo de la humanidad.

Pero esa ya es harina de otro costal.

Los impactos de Hidroaysén

El impacto ambiental y cultural que genera un proyecto enorme, implementado con

tecnologías anticuadas, como lo es Hidroaysén, es tan grande que cuesta darse cuenta de

la magnitud que tiene. Quizás por eso mismo, algunos de sus adversarios han exagerado

estos impactos a un nivel aún más grande que el real. Frases van y vienen, entre

defensores y detractores del proyecto, y es bueno ver con alguna frialdad lo que

realmente va a ocurrir.

Hidroaysen pretende construir varias centrales hidroelectricas convencionales, con

embalses. Eso significa cortar los ríos, destruir total y completamente algunos tramos de

ellos, por medio de la inundación de los valles en que corren. No sólo se destruyen esos

tramos de los ríos, y sus territorios aledaños, sino también se afecta severamente toda la

cuenca de esas ríos. Los embalses retienen el sedimento que corre naturalmente por los

ríos, causando el efecto de aguas claras desde los embalses hacia abajo. Esto llega a

afectar hasta el mar. Al interrumpir totalmente la migración de peces, también se causan

cambios importantes en todo el ecosistema río arriba del embalse.

No todo el impacto es negativo: En muchos casos los lagos artificiales que se generan

con los embalses a la larga comienzan a formar su propio ecosistema, y también llegan a

tener interés turístico en algunos casos. Pero el proceso es largo, y la integración del

nuevo lago en un paisaje difícilmente se logra antes de que hayan pasado varias décadas.

Hasta entonces, la devastación predomina.

Los lugares donde Hidroaysén quiere construir sus centrales, en general, tienen una baja

densidad de habitantes. Por eso se tiende a minimizar el efecto sobre ellos. Pero debemos

recordar que todo individuo tiene derechos, y si un proyecto afecta negativamente

siquiera a UN SOLO individuo, eso basta para decir que es un mal proyecto.

De todos modos, la cantidad de gente que Hidroaysén afectaría es mucho mayor que los

pocos que viven cerca de los lugares de las centrales. La actividad de este tremendo

proyecto, en caso de concretarse, va a afectar gravemente a decenas de miles de personas

que viven a su paso, que como es bien sabido, va desde la zona de Cochrane hasta cerca

de Santiago.

Los defensores de Hidroaysén dicen que el proyecto sólo va a inundar 40 kilómetros

cuadrados. Pero callan que para la línea de transmisión se pretende destruir más de 200

kilómetros cuadrados, y que el área de influencia (fundamentalmente negativa) de las

centrales, embalses y la línea es unas CIEN VECES mayor! Esta cifra sin duda va a ser

muy discutida, ya que es muy difícil definir exactamente qué nivel de influencia se

considera significativo, y de ello depende la dimensión del área de influencia. Pero

parece razonable decir que un tendido de alto voltaje de las dimensiones del propuesto

afecta negativamente hasta unos 5 km de distancia por ambos lados, a través de impacto

visual, interferencia en radio, etc, y entonces ya ahí tenemos veinte mil kilómetros

cuadrados afectados!

Seguramente habrán quienes digan que a 5 km de distancia el efecto de la línea ya es

insignificante, argumentando entonces que el áerea de influencia es menor. Pero también

hay quienes han demostrado mediante estudios detallados que este tipo de líneas de

transmisión causan interferencia molesta hasta a 15 km de distancia por ambos lados, lo

que triplicaría la cifra de área afectada, dependiendo eso sí de qué se haga en esas áreas.

Por decirlo en términos simples, una chacra de papas ubidada a 1 km de la línea sólo

debería sufrir el indudable afeamiento que le causan las torres y paquetes de cables,

mientras que una estación de radiocomunicaciones ubicada a la misma distancia de la

línea queda reducida a completa inutilidad por las interferencias que esa línea le causa.

Los defensores de Hidroaysén exponen las cosas positivas, según ellos, que la empresa

haría en la zona. Algunas de estas cosas efectivamente parecen positivas, pero de

importancia menor en comparación al daño causado por el proyecto. Otras son

simplemente reparaciones y compensaciones, en general parciales, de los impactos

causados, y otros son francamente absurdos. Tomaré como ejemplos algunas de las cosas

publicadas por el Sr. Andrés Concha, Presidente de Sofofa, el 19 de mayo de 2011:

- Electricidad a la mitad de su valor actual: Cabe destacar que el valor actual en Aysén es

altísimo. Edelaysen en mayo del 2011 está cobrando 151 pesos por kWh de energía base,

y 248 pesos por kWh en energía adicional de invierno, a sus usuarios residenciales. Eso

se compara con 100 y 132 pesos respectivamente que cobra Chilectra en Santiago. Y se

compara con 28 pesos por kWh en Argentina, 30 pesos por kWh en Canada, 45 pesos por

kWh en EEUU, 33 pesos por kWh en Finlandia, por citar sólo a algunos países que tienen

un buen porcentaje de generación hídrica, al igual que Chile. Queda claro entonces que

aún a mitad de precio, la electricidad en Aysén seguiría siendo carísima.

Pero es que realmente Hidroaysén hará bajar a la mitad los precios que pagan los

consumidores residenciales en Aysén? O solamente van a hacer bajar el precio de nudo?

En este último caso, la reducción de las tarifas a los consumidores residenciales será

mucho menor.

- Construcción, reposición y mejoramiento de 237 kilómetros de carreteras: Eso lo

necesita hacer Hidroaysén para que puedan circular en buena forma los camiones, buses y

vehículos menores involucrados en el proyecto. Queda por verse si el mejoramiento de

estos caminos es realmente una ventaja para la población aysenina, considerando que al

mismo tiempo van a tener que soportar un tráfico muy incrementado.

- Construcción de muelle, sitio de contenedores, áreas de almacenamiento y áreas de

servicios, en Puerto Yungay: Obviamente esto es para el uso propio de Hidroaysén!

Quizás después quede algo para el resto de la gente, sobre todo el muelle, pero yo veo

aquí un descarado intento de pasar partes de la infraestructura de Hidroaysén como

adelantos para la comunidad!

- Creación de área de conservación de flora nativa de 11.500 hectáreas en sector de Bajo

Pascua y otra equivalente de más de 2.500 hectáreas en la zona de Baker, dotada de

equipamiento turístico (centros para visitantes, senderos, señalética, miradores y

refugios): Quisiera aclarar de qué se trata esto. En estos momentos, las zonas

mencionadas son naturaleza pura, prístina, en excepcional estado de conservación. Lo

que la gente de Hidroaysén promete hacer es ir ahí, abrir caminos, construir casas,

hoteles, con toda la destrucción del medio ambiente que eso implica, para luego

conservar lo que queda. Puede ser bueno eso? Desde el punto de vista ecológico,

obviamente es pésimo. Se trata de intervenir un área que en este momento está prístina.

La naturaleza no necesita que los seres humanos vayan a "conservarla". Lo mejor que los

humanos podemos hacer para mantener una zona prístina es abstenernos de meter mano

en ella.

- Producción de más de 13 millones de plantas para la reforestación de 4.500 hectáreas de

bosque nativo en la

Región de Aysén: Pregunto si estas plantas son para reforestar áreas que ya están

dañadas, o si son para compensar en parte el daño que Hidroaysén hará? Sospecho que

es lo último, es decir, que estas plantas se van a usar para reemplazar los árboles que

Hidroaysén va a matar por inundación o por medio de la motosierra y los bulldozer. Al

respecto cabe recordar que aunque se planten varios árboles nuevos por cada árbol

destruido, de todas maneras el daño es severo. Una plantación artificial demora

muchísimo tiempo en llegar a un nivel de desarrollo que le permita reemplazar el bosque

natural que fue destruido.

Adicionales a éstas promesas, vi varias más en el documento mencionado, como becas,

implementación de un hospital, etc. No puedo librarme de la impresión que gran parte de

éstas forman parte simplemente de lo que la empresa de todas maneras debe hacer para su

propia gente. Si bien es probable que algunas de estas cosas efectivamente beneficien en

forma puntual a algunos ayseninos, se nota que en general la presencia de Hidroaysen

produciría un fuerte cambio en el estilo de vida de la región, hacia el "desarrollo"

tecnológico a costas de la degradación del medio ambiente. No puedo resignarme a creer

que eso sea necesario, ni menos que sea bueno.

Pero dejemos de lado un momento a Aysén, las represas, y los impactos locales. Veamos

qué pasa a lo largo de la línea de transmisión, que llevaría la energía producida a

Santiago. Si bien no he logrado encontrar detalles técnicos de su diseño, entiendo que se

trata de una línea de transmisión de corriente contínua, con capacidad de unos 3 GW, al

parecer operando a un nivel de tensión de cerca de 1 MV, tendida en forma

principalmente aérea, en gigantescas torres de estructura de acero de como 70 u 80

metros de altura, con un tramo hecho por cable submarino. Desconozco si el tramo

submarino causa algún problema ambiental. Pienso que si se construye de tal manera que

se evite que haya accidentes por enganche de anclas o redes, el impacto de ese tramo

debería ser insignificante.

No así en el tramo aéreo. El impacto de esa enorme línea de transmisión es severo, en

varios aspectos. Lo mas obvio es el impacto visual. A muy poca gente le gusta el aspecto

de torres de fierro con paquetes de cables colgando. Con la gran altura de estas torres, las

líneas serán visibles desde gran distancia, afeando severamente el paisaje. Si bien un

cínico podría decir que entonces hay que mirar para el otro lado, esto no soluciona los

demás problemas. Entre ellos está la severísima interferencia que generan estas líneas en

las radiocomunicaciones de todo tipo, especialmente en frecuencias bajas. La

interferencia se debe más que nada a las descargas por efecto corona, que son casi

inevitables en líneas aéreas de tan alto voltaje. Se pueden minimizar, aumentando el

diámetro de los conductores, armando paquetes de conductores múltiples, y evitando

piezas con esquinas y cantos vivos, pero eso aumenta el costo. Sería muy importante

conocer las características exactas de la línea propuesta, para poder calcular el nivel de

interferencia que podría producir. La mayor parte de la línea pasaría por zonas rurales

pobladas, donde no existe otra comunicación que por la vía de ondas de radio, sea el

teléfono celular, la televisión, la radio de FM, AM, onda corta, la Banda Ciudadana,

Radioafición, etc. Si bien la interferencia esperable en celulares y radios de FM se limita

al áerea más cercana en torno a la línea (algunos cientos de metros), la interferencia en

bandas de onda corta, media y larga se extiende mucho más. Estamos hablando entonces

de una cinta de 2000km de largo, y de entre algunos cientos de metros y hasta 30 km de

ancho, en que habrá un smog radial causando problemas a las comunicaciones.

La interferencia en radio no es el único efecto que causan las descargas de corona.

También está el ruido audible, muy molesto cerca de las líneas. Igual que la interferencia,

su magnitud depende del diseño de las líneas: Invirtiendo más en su construcción,

mediante conductores más gruesos y el empleo de piezas redondeadas, se puede reducir

el nivel de ruido causado. Entonces cabe la gran duda, cuánto estará dispuesta a invertir

la empresa Transelec, para reducir los problemas causados por la línea.

Aparte de todos estos problemas, que son comunes a las líneas de corriente alterna y

contínua, afectando levemente menos a las de contínua, éstas tienen también un problema

que las de alterna no poseen en forma significativa: El viento de iones. Se trata de

moléculas de aire ionizadas en contacto con los conductores, que se alejan de la línea

llevadas por el viento. Actúan cargando elécricamente cualquier objeto conductor que

alcancen, que no esté conectado a tierra. El resultado son fuertes golpes eléctricos al tocar

un alambre de cerco, un auto estacionado, etc. Si bien estos golpes no debieran matar a

nadie, son muy desagradables. A las empresas eléctricas les gusta decir que no son

mayores que las descargas que uno puede sufrir si camina unos pasos sobre una alfombra

en un día seco, y luego toca algo metálico, pero la verdad es que estos golpes causados

por carga transportada desde los cables de extrema tensión a través del viento de iones

pueden ser muchísimo más fuertes.

Adicionalmente a todo esto, la construcción de la línea requiere destruir todo lo que haya

a su paso, especialmente bosques. Y lo que es peor: No se puede dejar que vuelva a

crecer el bosque, por el riesgo de que los cables puedan tocar las copas de los árboles,

cuando en un día caluroso bajen mucho, por su dilatación térmica. Los ecologistas hablan

de la tala rasa más larga del mundo, pasando por bosques nativos públicos y privados,

produciendo la cicatriz más grande del planetea, y todo parece indicar que tienen mucha

razón en esto.

Hay que mencionar la intromisión que representa la actividad de la gente de Transelec en

el estilo de vida de toda la gente aledaña a la línea planeada. En el campo siempre hay

mucha preocupación cuando "afuerinos" llegan a hacer de las suyas. No solamente por el

daño directo, ruido y otras molestias que causan, sino también por el riesgo: Siempre hay

entre los trabajadores algunos que fuman, y entre estos a su vez siempre hay algunos que

no tienen cuidado con las colillas. La gente de campo es muy consciente del riesgo de

incendio. Aquellos que fuman, apagan muy bien sus colillas, y evitan fumar en lugares de

peligro. Pero cuando llega gente que no está consciente de este riesgo, es casi inevitable

que alguna colilla que salga encendida por la ventana de alguna camioneta cause un

incendio, con grave destruccion de la vegetación y de la propiedad de quienes viven ahí.

Por lo general nadie responde por estos daños. Y el tráfico de gente ajena al lugar no se

limita al tiempo de construcción, sino que sigue durante toda la vida útil de la línea, para

inspecciones y mantención. Se ha mencionado que esta línea sería patrullada también con

helicópteros. Claramente no es agradable sufrir el ruido del paso de helicópteros a bajar

altura.

Pero hablando de daños, es también importante el gravísimo daño que una línea de

transmsión aérea hace al valor de las propiedades. A nadie le gusta comprar un campo

atravesado por una línea eléctrica, y por eso los precios de las propiedades caen

dramáticamente. Hay ancianos que dependen de vender sus campos para poder comer,

cuando ya no puedan trabajarlos más, y hay gente que por diversas razones no puede

vivir cerca de líneas de transmisión, y que entonces sólo podrían tratar de vender su

propiedad, y comprar algo en otro lugar. Todos ellos resultan gravemente perjudicados

por la pérdida de valor de sus propiedades. Si bien seguramente Transelec va a

compensar a los propietarios por cuyos campos pase la línea, me parece improbable que

compensen también a los demás afectados, y sobre todo, que los compensen en el monto

real del perjuicio causado.

Riesgos

Las líneas de transmisión de corriente contínua, junto con los equipos necesarios para

insertarlas en la red, han mostrado históricamente tener un índice de falla mayor que las

de alterna. Multiplicando ésto por la extrema longitud de esta línea, resulta claro que va a

tener fallas, probablemente varias veces al año. A esto hay que sumar el riesgo de

atentados, ya que una línea tan larga, difícil de vigilar, y que causa tanto rechazo entre la

población, es un blanco fácil y apetecible para anarquistas. Esto se conjuga con la

tremenda potencia que transportaría esta línea. Cada caída de esta línea quitaría en forma

inmediata los aproximadamente 2 GW que aportaría Hidroaysén al SIC, y no es probable

que haya capacidad de regulación suficiente en el sistema para compensar una pérdida de

tal magnitud. Entonces el resultado de cada falla o atentado en cualquier punto de los

2000 km de extensión de la línea, sería un apagón generalizado en la mayor parte de

Chile. Desde este punto de vista, energía traída desde tan lejos es un factor de riesgo

grande, y una línea de transmisión aérea lo es aún mucho más.

Mis motivos para escribir

No es habitual que yo escriba largos tratados filosófico-técnicos sobre proyectos de

inversión de gran magnitud. Para que lo haga, obviamente debe haber una razón. Y esa

razón es simple:

En el año 2003 decidí buscar la forma de emigrar de la ciudad. Tenía un excelente

trabajo, y un departamento propio en La Serena, pero estaba cada vez menos feliz ahí,

debido a la creciente contaminación de las ciudades chilenas, en cuanto a ruido de tráfico,

del vecindario, sirenas, interferencia en radio, humos, polvo, el hacinamiento urbano, la

delincuencia, etc. Entonces me puse a buscar un lugar apto para vivir en paz, sin molestar

a nadie ni ser molestado. Después de 4 años de búsqueda, encontré una parcela de bosque

nativo en la precordillera frente a Temuco, que satisfacía mis necesidades. En 2007 la

compré, renuncié a mi trabajo, vendí mi departamento, y me instalé en la parcela,

construyendo mi casa y todo lo demás que era necesario, hasta una microcentral

hidroeléctrica para tener mi propia energía, todo aquello integrado en la hermosa

vegetación del lugar, evitando al máximo causar daños.

Todo anduvo bien, hasta que me enteré que Transelec al parecer tiene las intenciones de

pasar esta gigantesca línea de transmisión por acá mismo, al lado de mi casa, destruyendo

el paisaje que me rodea, y generando un nivel de ruido eléctrico enormemente mayor al

que sufrí cuando vivía en la ciudad. Yo soy radioaficionado, también restauro radios

antiguas, y mi trabajo es en electrónica de señales débiles. No puedo practicar mis

hobbies ni mi trabajo en un ambiente con interferencias radiales. Entonces el proyecto

Hidroaysén, con su línea de transmisión, amenaza directamente y en forma dramática mi

estilo de vida y las actividades que más practico.

Es irónico que luego de irme de la ciudad para buscar un ambiente limpio, y armar mi

vida aquí, una empresa quiera venir a contaminar el lugar.

Es irónico también que después que yo hiciera mi propia microcentral hidroeléctrica en

forma mínimamente invasiva, enterrando los ductos de agua en zigzag para no cortar ni

un sólo árbol, enterrando también mi línea de transmisión propia para no tener cables

aéreos, una empresa quiera venir a instalar acá una línea de transmisión abierta, altamente

contaminante en varios sentidos, y arrasando con la naturaleza que yo estoy cuidando, y

que quiero tanto como otra gente sólo quiere a sus familiares.

No puedo vivir en la vecindad de una línea de alta tensión aérea. Tampoco podré vender

mi propiedad a un valor comparable a lo que yo invertí en ella, y no tengo medios para

comenzar en otro lugar sin antes recuperar lo que he invertido acá.

Si se construye esa línea acá, eso me destruye. Así de simple.

Como el caso mío, debe haber muchos más. Con otras facetas, pero igual de dramáticos.

Proposiciones alternativas

Grupos ecologistas han propuesto reemplazar el aporte energético de Hidroaysén por

centrales modernas alternativas, tales como solares, mareomotrices, o eólicas. También

han propuesto apostar a la eficiencia energética, esencialmente congelando la capacidad

generadora en el país. Ambas cosas me parecen dignas de realizarse, pero no creo que

con eso sea suficiente. Mientras la gente, y sobre todo las industrias, empresas, oficinas,

etc, no estén realmente dispuestas de lleno a colaborar, no habrá gran ahorro de energía.

El consumo domiciliario en Chile ya es bajo, debido a los altos precios que se pagan en la

tarifa BT1. Un ahorro importante sólo podría venir de los otros sectores.

Es cosa de ir a cualquier oficina o industria, para ver como se derrocha la energía. Es

absolutamente usual trabajar con toda la iluminación eléctrica de una oficina encendida,

mientras el sol entra por la ventana y la diferencia entre tener encendidas las luces, o

apagarlas, ni siquiera se nota. Es usual también que los computadores permanezcan

encendidos día y noche, a pesar de usarse sólo pocas horas al día. Lo mismo ocurre con

muchos otros equipos. En la industria, a menudo se dejan máquinas encendidas, a pesar

de no estar usándolas, por simple dejación, o por creer que mientras menos se apaguen,

menos fallan. Y por supuesto en la industria existen muchísimos procesos mal

implementados o anticuados, que consumen más energía que la necesaria. Aquí hay

bastante por hacer. Pero aún así, eventualmente se requerirá más capacidad de

generación.

Una buena iniciativa es la de la medición neta para consumidores eléctricos que además

generan algo de energía propia. Mejor aún sería una ley que garantice condiciones

suficientemente atractivas para que cualquier pequeño productor de energía limpia y

renovable la pueda vender a la red pública, aún si su producción excede su consumo

propio. Lo crítico en estas leyes es fijar las tarifas: Las empresas eléctricas lógicamente

tratarán de comprar barato y vender caro, pagando menos por la energía que alguien

inyecte, que lo que cobran por la que consume. Los pequeños productores de energía

limpia en cambio van a pedir que se les subsidie por su aporte menos contaminante,

pagándoles una tarifa más alta que aquella que la empresa eléctrica le cobra a sus

clientes. En varios países esto efectivamente se hace, por ejemplo en Alemania, lo que ha

llevado a la masificación de las pequeñas instalaciones solares en los techos de las casas.

Desde el punto de vista comercial, obviamente es absurdo obligar a las empresas

eléctricas a pagar un sobreprecio por energía solar de pequeños productores, pero desde

el punto de visto global cobra sentido, considerando las ventajas del bajo impacto

ambiental, de la sustentabilidad en el tiempo, y de la independencia de combustibles

importados que eso genera.

Pero hay que decir también que aún en Alemania, con sus muchos techos solares y

parques eólicos, las energías alternativas sólo cubren una pequeña parte del consumo. El

resto proviene fundamentalmente del carbón, y también del gas natural, petróleo,

hidroelectricidad, y de la energía nuclear, aunque esta última está en fase de eliminación.

El proyecto Hidroaysén, con su línea de transmisión, así como está planeado, es malo. En

eso quiero y debo ser tajante. No es aceptable que hoy en día se realice un proyecto de

esa envergadura con un impacto ambiental y cultural innecesariamente alto. Si yo tuviera

poder para hacerlo, rechazaría de plano ese proyecto, invitando a los solicitantes, y a

todos los demás que lo deseen, a proponer proyectos alternativos de mucho menor

impacto.

Veamos puntualmente las mejoras posibles de hacer:

Hidroaysén propone construir represas. Esa es la manera más invasiva que existe para

extraer energía de un río. Las represas, en general, se construyen con dos fines:

Almacenar agua en tiempos de abundancia para usarla en tiempos de escasez, y liberar la

diferencial de altura de un río en un sólo punto, donde poner una central. Los ríos Pascua

y Baker se caracterizan por un caudal bastante constante en el tiempo, haciendo

innecesaria la acumulación de una gran cantidad de agua. Publicaciones indican que

Hidroaysén básicamente pretende operar con el caudal presente en los ríos, sin una gran

modulación de la potencia. Eso entonces se presta idealmente para construir centrales de

pasada, eliminando las tan odiadas y dañinas represas. Si se toma el agua en una

captación de fondo, que permita que el sedimento, los peces, y un caudal ecológico de

agua sigan en el lecho, y luego se lleva el agua extraída por tuberías o túneles a la central,

resulta algo muchísimo menos dañino que una represa que corta y destruye el río. No se

si el costo en este caso resultaría más alto. Ello depende de las distancias y pendientes

involucradas. Pero aún si fuera mucho más caro, en bien de la conservación del medio

ambiente debiera hacerse así. Una central de pasada, con captación de fondo, y que

garantice un caudal ecológico razonable en el tramo intervenido del río, puede operar casi

sin daños al río.

Las salas de máquinas, patios de alta tensión, etc, eventualmente puedan construirse en

forma subterránea, o bien alojarse en edificios armónicamente integrados al paisaje.

Sobre todo cuando son emplazadas en lugares de interés turístico, o donde vive gente,

esto es importante. El costo adicional es limitado, y la aceptación del público es

muchísimo mejor.

Para la línea de transmisión hay dos posibilidades: Una es utilizar cable enterrado, de

preferencia un cable con estructura coaxial. Mucho se habla de que esto sería carísimo.

¿Pero es así? La línea de media tensión enterrada que construí en mi propiedad salió más

barata que una línea aérea, por la sencilla razón de que la aislación y protección

necesarias para enterrarla fueron más baratas que los postes para hacerla aérea. Si bien mi

línea es de una magnitud tremendamente menor a la de Hidroaysén, me cuesta creer que

las proporciones de costo cambien tanto que las cinco mil torres de acero de 70 a 80

metros de altura resulten más baratas que la aislación y protección de los cables

enterrables. Y los conductores son comparables en ambos casos, en cuanto a la cantidad

de material requerido, y por lo tanto su costo.

Pero aún si la línea enterrada fuera más cara, las ventajas son obvias y poderosas: Para

instalarlas, sólo se requiere una franja de pocos metros de ancho, en vez de cien metros

para la línea aérea. Una vez instalada, se puede replantar bosque encima, o bien devolver

el terreno a cualquier uso que tenía antes. Se elimina completamente el ruido acústico, el

viento de iones, el impacto visual, y se elimina o por lo menos se reduce drásticamente la

interferencia en radio. También se reduce el riesgo de accidentes (siempre que se entierre

a suficiente profundidad), de fallas, de atentados, y se elimina la posibilidad de caída de

rayos directos. Al eliminar el efecto corona, también se reducen las pérdidas de energía.

Todas estas ventajas hacen parecer absurdo considerar siquiera una línea de transmisión

aérea.

La alternativa a la línea enterrada es una línea submarina en la mayor extensión posible,

con tramos enterrados entre la costa central y Santiago, como también entre las centrales

y la salida al mar más cercana. En este caso se reducen dramáticamente la cantidad de

servidumbres de paso requeridas, y en todo el tramo submarino obviamente se elimina

por completo la interferencia en radio, junto con todos los demás problemas.

La principal desventaja que se ha mencionado para cables enterrados o submarinos es que

causan pérdidas dieléctricas y problemas capacitivos, al usarlas con corriente alterna.

Siendo la de Hidroaysén una línea para corriente contínua, estas desventajas no aplican.

No existe pérdida dieléctrica con corriente contínua, y la capacitancia de la línea es una

ventaja para uso con corriente contínua, al actuar de filtro.

Como además esta línea debe ser punto-a-punto, sin derivaciones intermedias, se presta

idealmente para construirla como línea submarina.

¿Y los costos? Es interesante investigar sobre ésto. Generalmente los precios pagados a

empresas que construyen líneas de extrema tensión se mantienen en estricto secreto. Pero

existen algunos datos de público conocimiento. Por ejemplo Wikipedia cita una línea de

corriente contínua de 500 kV y nada menos que 8 GW, es decir, mucho más potente que

la de Hidroaysén, instalada en el Canal de la Mancha, que costó alrededor de un millón

de libras esterlinas por kilómetro. Esto equivale a aproximadamente 1,64 millones de

dólares por km, y es el precio que costó el cable completo, instalado. Esto lo podemos

contrastar con la estimación de costo para la línea aérea de Hidroaysén, de menor

potencia, publicada en una página web de nuestro gobierno, en que la línea de cerca de

2000km se avalúa en 3800 millones de dólares, es decir, 1,9 millones de dólares por km.

La línea submarina inglesa sería entonces levemente más barata que la línea aérea en

Chile, a pesar de ser de mucho mayor potencia! ¿Puede ser? Quizás sea exageradamente

optimista la cifra citada en Wikipedia, pero me parece lógico que un cable sumergido en

el mar al final resulte más económico que una estructura de cinco mil torres gigantes, con

paquetes de cables colgando de ellas. A pesar de que el cable submarino en sí, con toda la

aislación y reforzamiento que requiere, sea mucho más caro que los cables que se cuelgan

de las torres. Es el cable sólo, y nada más, sin torres, servidumbres de paso,

indemnizaciones, etc.

Palabras finales

Deseo intensamente que nuestras autoridades se dén cuenta de que el verdadero

desarrollo no es aquel que empuja hacia su valor más alto posible la cifra de crecimiento

económico del país, sino que es ese otro, ese que permite a la gente de este país vivir en

forma sana, en un país limpio, bonito, no contaminado, que preserva lo que queda de su

maravillosa naturaleza, y recupera lo que generaciones anteriores de menor consciencia

ecológica han destruido. Dentro de éste contexto, el proyecto Hidroaysén y su línea de

transmisión aérea, tales como están planteados, deben evitarse a toda costa. En cambio

debemos estar abiertos a aprovechar la riqueza hídrica de Chile, en Aysén y en todos los

demás lugares donde sea posible y necesario, mediante instalaciones hechas con el menor

impacto ambiental y cultural posible. Y cuando el impacto residual inevitable de un

proyecto todavía resulte excesivo, simplemente no debe realizarse. Podemos vivir

plenamente con menos electricidad, pero no podemos vivir plenamente entre cables y

murallas.

27 de mayo de 2011.

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